Daniel Soler

Diseño de portada e ilustraciones interiores: Hamartia

Daniel Soler Curiel, (1992, Antequera) graduado en Traducción e Interpretación, estudiante de Psicología y escritor, aunque prefiere definirse como historiador. “La piedra angular de mis intereses intelectuales es el ser humano. Por eso trato de estudiar lo relacionado con él: historia, psicología, arte…En lo que escribo trato de aunar la psicología que ha desarrollado el ser humano a lo largo de la historia con nuestra psicología contemporánea.”

Realmente cualquier situación me puede inspirar. Soy una persona bastante analítica así que siempre le estoy dando vueltas tanto a lo que me pasa a mí, como lo que veo en mi entorno, y trato de relacionarlo con las teorías universales sobre historia y psicología.”

Acaba de publicar su primer libro, Hípsters, crónicas de la nostalgia del lodo, en el que narra la evolución del concepto de hípster, desde su nacimiento en los años 40 entre los aficionados al jazz, explotando en los años 60 con el movimiento hippie, y su relación con los hípsters modernos que surgen a principios de este siglo, “…trato de analizarme a mí mismo a través de los demás, por eso en este libro he identificado lo que soñó la generación hippie con mi propio proceso de madurez.”

“Soy bastante curioso, así que siempre que puedo me hago una escapada a algún lugar, pero siempre con el ojo mirando a Ìtaca. He visitado Polonia, Austria, la República Checa, Marruecos, y fui erasmus en Alemania durante un año. La verdad es que mi año de erasmus fue una de las experiencias de autoconocimiento más espléndidas que he tenido. Al romper temporalmente con mi entorno fui más consciente de cómo me relacionaba con los demás y conmigo mismo. Volví mucho más cabal.” Aficionado a la lectura y el cine, iniciándose en la meditación, “especialmente útil para mirarse un poco desde fuera y poner las situaciones en perspectiva.”

Disfruta de un párrafo de Hípsters…o adquiere el libro aquí.

“Mi viaje iniciático consistió en una danza entre el miedo y el asombro jocoso, aunque le debo mi aprendizaje especialmente al primero, por haberme enfrentado a las profundidades de mi abismo, enseñándome a capear las propias limitaciones con una serenidad sostenida. Esta es una historia escrita en tercera persona, pero con la precisión de quien se observa desde fuera en pleno trance extático, fundiendo sus coordenadas con las de su campo de visión. Al fin y al cabo, todo está en todo y viceversa, ¿verdad?”